¿Acercándonos a la Ley seca?

Por Fiba Marih

Hace algunos días apareció en los noticiarios matutinos un funcionario municipal con cara de alarma comunicando a los ciudadanos de Santiago que, debido a las constantes riñas de borrachos en las calles, se restringiría una vez más el horario de venta de alcohol en la comuna. No sólo en botillerías, sino también en bares y, por si fuera poco, en restaurantes.

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Las razones deberían ser conocidas y aceptadas por la comunidad: jóvenes sin dios ni ley peleando en las calles, borrachos que apenas pueden mantenerse en pie en un paradero, vecinos decentes reclamando por el ruido, un “éxodo de vecinos de la comuna de Santiago” (sic), etc. Y sin embargo, algo no parece correcto en este razonamiento.

Como siempre, dentro del Gran Santiago, los dardos apuntan al barrio universitario de República y al barrio Brasil, ambos separados tan sólo por la Alameda y unas cuantas calles. Un conserje del sector alega en cámara que “los chiquillos ya no vienen a estudiar, sino a puro tomar”, como si el estudiante tuviese que ser un asceta intelectual tipo Siddharta. En fin, el punto no es ése.

El punto es el siguiente: ¿Qué ocurre con la gran parte de los cuidadanos que queremos tomarnos algo a cualquier hora y que no causamos escándalo? ¿Qué ocurre con quienes van a una parrillada, a las Vacas Gordas, al Chilenazo o al Platipus a comer algo acompañado de una copa de vino o un shop? Si el alcohol es considerado el causante de tanta delincuencia, ¿por qué no prohibirlo de una y ahorrarse tanta miseria?

El problema es mucho más complejo de lo que parece. Pero la mejor solución, ciertamente, no es que paguen justos por pecadores. Me refiero tanto a los ciudadanos como a los dueños de restaurantes (en el país de la propiedad y los derechos adquiridos, y en el cual todos los días estamos escuchando la cantinela del emprendimiento y el apoyo a las pequeñas empresas, ¿a nadie en su sano juicio se le ocurre pensar en el perjuicio económico que traerá esta medida?).

Y por último, un dato de la experiencia: el aumento de bares clandestinos está en directa relación con este tipo de restricciones. ¿No es un bar clandestino aún más difícil de fiscalizar que un restaurant abierto al público?

No pretendo tener la solución al problema. Pero sé que la que se está implementando es una muy mala.


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