De cortos y…

Por Javiera de la Vega

Sabemos que las escuelas de cine preparan cortometrajes semestrales, de los cuales muchos quedan luego en la basura (me refiero a que no pasan mas allá del examen y luego no son arreglados los últimos detalles, y menos aún enviados a algún festival). Esto debe suceder -en parte- porque los mismos alumnos pierden la fe en su proyecto. Luego de las críticas no son capaces de repuntar, replantearse la idea y recordar que se trata de su creación, que fue lo que quisieron comunicar tan apasionadamente hace unos meses atrás.

Foto: Tania López

Foto: Tania López

Debo decir que personalmente también caigo en ese grupo de gente, los que nos llenamos de proyectos basura y los olvidamos. Acepto que me gustaría tener un espacio para exhibirlos, porque un festival es algo macro y además es un concurso. Me refiero a algo que te permita mostrar un material sin esperar nada a cambio. No sería malo acceder a ciertas opciones que te permitan mostrar tus proyectos para simplemente mostrarlos a los seres humanos comunes y corrientes: los espectadores.

Por ejemplo, proyectar cortos en las calles un día a la semana, los cuales serían mostrados para cualquier ser humano que se interese y se quede observándolos, gratis y sin compromiso alguno. Así también podríamos tener a muchos aficionados talentosos que quieran entregarnos sus colaboraciones audiovisuales.

Si la idea es comunicar, entonces lo deberíamos estar haciendo siempre y no ser tan selectivos a la hora de exteriorizar el material. Nos pasamos de cool y exclusivos, siendo que lo que necesitamos es ser masivos en la distribución. ¿No es acaso el cine una herramienta masivamente comunicativa?

Foto: Tania López

Foto: Tania López

 

La mente creadora debe tener confianza en sus proyectos. No podemos pretender que la gente crea en algo sobre lo que ni yo mismo doy un peso. Los proyectos deben ir de la mano -necesariamente- con un grupo de trabajo motivado y comprometido. Entiendo que a la hora de participar en estos proyectos casi siempre se le deja el trabajo al director, pero eso no debería suceder, ya que por más que el director sea principalmente el autor de la obra eso no quita el escalafón de cargos, y si se trabaja en conjunto se logran resultados excelentes.

¿A que voy con toda esta charla que parece discurso moral? Voy directamente a las futuras mentes creadoras, no sólo para que se pongan el parche antes de la herida, sino para que sean rigurosos con sus proyectos y no los abandonen por inseguridades, y si se ha dejado un proyecto de lado, pues debe retomarse una y otra vez. No es malo alejarse un tiempo y después replanteárselo con la cabeza en frío. Tampoco abandonar un montaje y reencontrarse con el cada tanto hasta que le agarres el gusto y lo termines. Pero siempre amando el proyecto, ya que cuando empiezas a odiar tu trabajo nunca salen buenos resultados.


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